Ir al contenido principal

Felices sueños, papaíto

 Lo miré con mi cara de viejo patibulario y, dejando ver mis terribles fauces a la luz del farol, le hice sentir que su vida no valía un ochavo. Mi mirada atronadora lo desazonó hasta el punto de sumirlo para el resto de sus días en un estupor constante protagonizado por mi rostro demencial.

Comentarios